Es la profesión de moda y la que nos está brindando grandes momentos en este blog. Como sucediera con la figura del webmaster en la primera década de este siglo, hoy no hay empresa que se precie que no tenga community manager. Eso ha generado una auténtica burbuja inflación de cursos para formarse como tal y la consiguiente oleada de autodenominados "expertos en social media", que convierte en ardua la tarea de distinguir el trigo de la paja.
La novedad del medio en el que se mueve esta figura -las redes sociales- unido a su (mínimo) componente tecnológico ha propiciado la aparición de un número incontable de 'gurús', que dan lecciones de congreso en congreso, haciendo que a veces se olvide lo esencial: el community manager no es más que una parte dentro de la comunicación de una empresa o institución.
Y, por ello, debe actuar "en línea con la identidad corporativa de la compañía y con los objetivos establecidos en su política de comunicación", tal y como explica David Martínez Pradales, comunicador corporativo y autor del blog y del libro Comunicación
y otras chicas del montón. Reflexiones de un comunicador, desde su
esquina, frente a la fotocopiadora, sobre Comunicación corporativa,
Periodismo y lo que se tercie (sí, todo eso es el título).
Para Adolfo Corujo, experto en reputación online y socio de Llorente y Cuenca, el community "debe ser una persona curiosa, que haya tenido la experiencia previa de vivir en la Red y con sentido del humor".
Sin duda, el humor es una herramienta muy importante, además de una manera eficiente de hacer llegar el mensaje y, muchas veces, 'viralizarlo'. Si no, vean la cantidad de veces que se ha compartido este tuit que publicó Renfe hace unos días, emulando las faltas de ortografía de la persona que le preguntaba por la construcción de un "abe"

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