A menudo se dice que la generación que actualmente se encuentra estudiando, los llamados “nativos digitales”, están matando el lenguaje y la gramática con la adopción de modismos provenientes específicamente de escribir en la web.
Hay adultos que argumentan que la contracción de palabras como “qué” por “k” reducen las habilidades de expresión escrita de los jóvenes. Sin embargo, esto no parece ser del todo cierto. La profesora Andrea Lunsford de la Universidad de Stanford se dedicó a comparar 877 ensayos de alumnos en el primer año de Educación Superior en 2006 y compararlos con otros de 1986, 1930 y 1917. Lo que encontró fue muy interesante.
Los errores ortográficos y gramaticales de los alumnos a lo largo del tiempo prácticamente no habían cambiado. Mientras en 1917 se cometían 2.11 errores por cada 100 palabras, en los ensayos de 2006, encontró un relación de 2.26; y prácticamente tampoco halló evidencia de la presencia de emoticones o palabras acortadas.
Y hay hallazgos más interesantes. En 1917 la narrativa tradicional se centraba en experiencias personales y una longitud de sólo 162 palabras por ensayo, mientras que para 1986 la longitud se había extendido a 422 palabras.
En los textos de 2006, el promedio fue de mil 38 palabras y con un cambio radical en la narrativa; ahora eran reportes u opiniones argumentadas y soportadas por investigación. La conclusión de la profesora Lunsford fue que los estudiantes de hoy abordan temas que requieren de investigación y cuestionamiento, así como reflexión.
¿A qué se debe esto?
Lunsofrd afirma que se debe al crecimiento de la necesidad de escribir fuera de la escuela, principalmente en Internet al mantenerse en contacto con otras personas desde sencillos mensajes de textos hasta complejas respuestas en foros de análisis. Esto sin mencionar el mejor acceso a la información.
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